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¿Debe el delegado de Protección de Datos participar en la junta directiva?


Delegado en la junta directiva

Cuando hablamos de protección de datos en una organización, lo primero que nos viene a la mente suelen ser documentos legales, avisos de privacidad en la web o políticas de tratamiento de la información de clientes. Y sí, todo eso es parte importante del cumplimiento normativo.


Pero hay un aspecto que muchas veces se pasa por alto y que marca la diferencia entre una empresa que cumple “solo en el papel” y una que realmente protege los datos de manera efectiva: la participación del delegado de Protección de Datos (DPD o DPO, por sus siglas en inglés) en los órganos de decisión de la empresa, como lo es el consejo de administración o la junta directiva.

¿Por qué es tan importante? Porque la protección de datos no es un trámite aislado ni una tarea que se pueda dejar en un cajón. Está directamente relacionada con las decisiones estratégicas del negocio, como lanzar un nuevo producto digital, implementar un software para gestionar clientes, contratar proveedores externos o incluso abrir una nueva sede.


En todas estas acciones se tratan datos personales, y si no se tienen en cuenta los riesgos desde el inicio, la empresa puede enfrentarse a sanciones, pérdida de confianza o daños a su reputación.

Por eso, el DPD no debe limitarse a revisar documentos después de que las decisiones ya se hayan tomado. Su papel consiste en estar presente en la mesa de decisión, asesorar desde el principio y garantizar que las medidas de privacidad y cumplimiento acompañen cada paso de la estrategia empresarial.


En resumen, el DPD es mucho más que un asesor técnico: es un interlocutor clave entre la empresa, la normativa y la sociedad, y su presencia en el consejo de administración asegura que la protección de datos forme parte del ADN de la organización.


¿Qué es el consejo de administración?

Cuando escuchamos el término consejo de administración, muchas personas imaginan una gran sala de juntas llena de directivos con corbata tomando decisiones trascendentales. Y sí, en las grandes empresas suele ser así.


Pero lo cierto es que toda organización, grande o pequeña, tiene su propio “consejo de administración”, aunque no siempre se llame de esa manera.

El consejo de administración es, en pocas palabras, el órgano que dirige y supervisa la marcha de la empresa. Es decir, quienes toman las decisiones clave sobre:


  • Cómo invertir el dinero.

  • Qué productos o servicios ofrecer.

  • A qué clientes dirigirse.

  • Qué personas contratar.

  • Qué normativas cumplir para evitar sanciones.


En las grandes compañías, este consejo suele estar compuesto por los socios o accionistas principales y los directivos de más alto nivel.


Pero en una pequeña empresa, una pyme o incluso un negocio de autónomo, el “consejo de administración” puede ser tan simple como la propia persona que dirige el negocio o, en algunos casos, esa persona junto con un par de socios o colaboradores de confianza.


👉 En otras palabras: si eres dueño de tu negocio, tú formas tu propio consejo de administración. Aunque no tengas reuniones formales ni un grupo numeroso de personas, las decisiones estratégicas que tomas cada día son las que marcan el rumbo de tu empresa.


Ejemplos cotidianos de decisiones de consejo de administración:

  • Cuando un autónomo decide abrir una tienda online y necesita saber cómo gestionar los datos de clientes.

  • Cuando una clínica dental contrata un nuevo software de gestión de pacientes.

  • Cuando una asesoría planea ampliar su cartera de servicios y contratar más empleados.

  • Cuando una pyme instala cámaras de videovigilancia en su local.


En todas esas situaciones se están tomando decisiones estratégicas, y por tanto, están actuando como consejo de administración.

Y es precisamente en ese nivel —ya sea una multinacional con 20 consejeros o un autónomo que dirige su propia actividad— donde el delegado de Protección de Datos (DPD) debe estar presente o al menos ser consultado.


¿Por qué? Porque la protección de datos no es un asunto secundario: afecta directamente a cómo se manejan los clientes, proveedores, empleados y, en última instancia, la reputación del negocio.

 

El papel del DPD en la junta directiva

La normativa de protección de datos en Europa y en España es clara: el delegado de Protección de Datos (DPD) no es una figura decorativa ni un “extra opcional”. La ley exige que el DPD sea consultado en tiempo y forma en todas las cuestiones relacionadas con el tratamiento de datos personales.


Esto significa que el DPD debe estar en la mesa donde se toman las decisiones importantes, ya sea una gran junta directiva, un comité de socios o incluso el autónomo que gestiona su propio negocio.


No se le puede dejar al margen, porque sus recomendaciones son las que ayudan a evitar riesgos legales, sanciones económicas y daños a la reputación de la empresa.


Razones por las que el DPD debe estar en la junta directiva

  1. Asesoramiento oportuno

El DPD debe estar presente desde el inicio de cualquier proyecto que implique datos personales.

🔹 Ejemplo: si una clínica quiere implementar un nuevo software para gestionar las historias médicas de sus pacientes, el DPD puede revisar el contrato con el proveedor y asegurar que el sistema cumpla con el RGPD antes de ponerlo en marcha.


  1. Participación

    El DPD debe ser invitado a reuniones donde se tomen decisiones que afecten a clientes, empleados o proveedores en materia de privacidad y normativa.


    🔹 Ejemplo: si una pyme familiar decide abrir una tienda online, el DPD debe participar para garantizar que la web tenga un aviso de privacidad correcto, que el formulario de compra pida solo los datos necesarios y que el tratamiento esté protegido.


  2. Comunicación y disenso

Si la empresa decide actuar de forma contraria a la recomendación del DPD, este debe poder dejar constancia de su discrepancia frente al consejo de administración.

🔹 Ejemplo: si un restaurante quiere instalar cámaras de videovigilancia que graban también la zona de descanso de los empleados, el DPD puede advertir que eso no está permitido. Si la empresa decide seguir adelante, el DPD debe dejar reflejado su desacuerdo.


  1. Supervisión constante

El DPD supervisa que la empresa cumpla con la normativa de protección de datos en su día a día. Para hacerlo bien, necesita estar informado de las actividades y decisiones más relevantes.

🔹 Ejemplo: si una asesoría empieza a trabajar con nuevos proveedores externos que acceden a información de clientes, el DPD debe supervisar que los contratos incluyan cláusulas de protección de datos adecuadas.


  1. Interlocutor clave

El DPD es el puente entre la empresa, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y las personas cuyos datos se tratan. Esto lo convierte en una figura central, no secundaria.

🔹 Ejemplo: si un cliente presenta una queja sobre el uso de sus datos o ejerce su derecho de acceso o cancelación, el DPD es quien canaliza la petición y asegura que la empresa responda en tiempo y forma.

 

El delegado de Protección de Datos es más que un asesor: es un miembro esencial del consejo de administración, porque aporta la visión necesaria para que cada decisión estratégica se alinee con la normativa y proteja a la empresa.


En la práctica, esto significa que, al igual que se consulta al responsable financiero para saber si una inversión es viable, o al abogado para revisar un contrato, se debe consultar al delegado de Protección de Datos para garantizar que las decisiones se tomen con la privacidad y la seguridad como parte del plan.


El DPD no es un mero “observador” ni un cargo decorativo. Su función implica estar en el corazón de la toma de decisiones, participando y velando porque la empresa cumpla con la normativa de protección de datos.

Dar al DPD la relevancia que merece no solo evita sanciones: también genera confianza en clientes, empleados y socios. En definitiva, es una inversión en transparencia, seguridad y buen gobierno corporativo.



Lexdatos

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